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martes, 18 de enero de 2011

Comunicación de gobierno: prisioneros del éxito

Por Mauricio Tolosa Twitter: @mautolosa

“La experiencia no es lo que te sucede, sino lo que haces con lo que te sucede”.
Aldous Huxley"

Sacando las lecciones equivocadas
Además de la caída de un gabinete y la amenaza de aplicación de la Ley de Seguridad Interior del Estado, de connotaciones simbólicas y jurídicas desastrosas para el proyecto “Nueva derecha”, el conflicto de Magallanes provocó un daño profundo a la imagen presidencial, que se cristaliza como distante y errática, como cuando el presidente Piñera señaló a propósito del gas de Magallanes que no quería que siga la misma suerte del “salitre que se acabó en el Siglo XIX”, (estos frecuentes lapsus presidenciales son denominados piñericosas en las redes sociales). Más grave es la consolidación de la falta de credibilidad como atributo presidencial negativo: los medios repitieron abundantemente el discurso presidencial donde promete, en actitud comprensiva y empática, que no subiría el precio del gas residencial a los magallánicos. Es predecible el impacto negativo en las próximas encuestas, más aún considerando que la aprobación presidencial venía a la baja, y el rechazo, al alza.
 Para muchos observadores, especialmente los que siguen el acontecer de Chile desde otros países, -que se incrementaron notoriamente después de la epopeya de los 33-, el desastroso manejo de esta crisis es bastante incomprensible. ¿Cómo, ese gobierno capaz de montar una operación técnicamente impecable y comunicacionalmente sorprendente,  que dejó a Chile tan bien posicionado a nivel internacional, al poco tiempo, comete errores de novato en política comunicacional?
Paradojalmente, es probable que la explicación esté en el “historial de éxitos” del equipo presidencial. El impacto y admiración mundial del rescate puede haber conducido a conclusiones y lecciones equivocadas a un equipo que ha conocido grandes éxitos empresariales, donde la lógica de separar lo comunicacional y lo técnico funciona con costos menores que en el mundo público. Eso explica las declaraciones de La Moneda a El Mercurio quejándose de que “sus soluciones son técnicamente impecables”, pero que “no las han sabido presentar”. El problema no es solo de presentación, hay un error de concepción de la comunicación, de sentirse poseedor de la verdad y de no escuchar y no respetar a las personas y los ciudadanos. En los gobiernos del Siglo XXI eso tiene costos, a menos de querer remplazar el diálogo por el autoritarismo.
La operación rescate es un mal modelo para generalizar y proyectar al ámbito de comunicación de gobierno, se trató de una situación excepcional, donde el “factor humano” era muy acotado y el “factor difusión”, muy controlable. El diseño de la operación fue encargado a ingenieros y técnicos de un área en la que Chile es vanguardia a nivel mundial, la minería del cobre. Adicionalmente contó con el apoyo internacional de los centros del conocimiento y tecnología más avanzados del mundo. La solución era “técnicamente” muy compleja, pero el objetivo común era muy simple y de total consenso: rescatar con vida a los 33. Desarrollar la solución técnica separada del resto y realizar la gran difusión final era posible y recomendable.
Resuelto el problema técnico, el montaje escénico y publicitario fue casi perfecto. Siguió un guión extraordinariamente ejecutado, sincronizado con los tiempos y ritmos televisivos del mundo, con una variedad austera pero muy atractiva de tomas. El personaje principal de la transmisión era un presidente cercano y preocupado, disciplinado y siguiendo el libreto acordado,  hablando en castellano e inglés fluidamente. A nivel nacional, la operación de difusión significó un alza de la valoración del presidente de casi 10 puntos en las encuestas, e internacionalmente, un record de exposición positiva que algunos han estimado equivalente a 20.000 millones de dólares. Negocio redondo, en votos y en millones.
Gobernar es comunicar
¿Por qué no funcionó igual en Magallanes? Porque separar lo técnico de lo comunicacional, puede funcionar en situaciones y eventos excepcionales y  específicos. La operación rescate no tenía los desafíos que tiene gobernar; podría haber sido realizada por una empresa, y en alguna medida así se manejó, solo que esa empresa era el Estado de Chile. No era necesario conducir una comunidad humana compleja, con intereses diversos y contrapuestos hacia un horizonte común, el consenso era preexistente, había que difundir la obra a posteriori pero no era necesario dialogar, ni escuchar, para implementar la solución desarrollada por los ingenieros.
El error de entender la comunicación como  difusión posterior de soluciones técnicas impecables, no surge con este gobierno, ni en este país. Por ejemplo, la separación del diseño técnico de la comunicación, la falta de escucha de las personas y sus necesidades, de la construcción de una comunidad de proyecto común, es un factor indispensable para comprender el desastre comunicacional y técnico, del mal diseño y peor implementación del Transantiago.
Las soluciones “técnicas” solo son “impecables” si satisfacen a la comunidad y si se pueden implementar sabiamente, evitando costos y conflictos que pueden hundir el proyecto. En los asuntos públicos y de gobierno, una magnifica “solución técnica” creada por un grupo de iluminados no funciona si no cuenta con el apoyo, o por lo menos la anuencia, de la comunidad local y nacional. En la gestión de un gobierno democrático, las soluciones se construyen y no se imponen
Es indispensable, particularmente en un gobierno que plantea la Unidad como tema central, pasar de una concepción de la comunicación antigua y autoritaria, de correa de transmisión y mando, a una concepción de la comunicación moderna e integradora, donde comunicar es escuchar y orientar a personas y comunidades, articular valores, propósitos, emociones y conductas para avanzar unidos y potenciados por la riqueza de la diversidad. 
Esperemos que esta vez el gobierno saque las lecciones correctas. Así se evitarían conflictos inútiles y desgastantes y se aprovecharían las oportunidades de un país que tiene todo para madurar y crecer.

martes, 11 de enero de 2011

La oportunidad de la crisis del gas de Magallanes


Una región tan lejos y despoblada
 
Magallanes, es la región más austral de Chile, lejos de Santiago donde se concentra el poder político, económico y más del 50% de la población del país. Su conexión con el resto del país es por vía aérea en un vuelo que, desde Santiago, demora tanto como hasta Rapa Nui, la isla situada en el corazón del Océano Pacífico. No se parece sólo en la lejanía, sino también en ser uno de los tres mayores destinos turísticos para los visitantes extranjeros. Las Torres del Paine, símbolo regional son, con los moáis y centros ceremoniales de Rapa Nui, uno de los temas fotográficos más abundantes en postales, afiches y comerciales de promoción de la imagen de Chile. 
 
Para llegar a Magallanes por tierra, desde Chile, hay que cruzar la Patagonia Argentina. Probablemente un mínimo porcentaje de los “otros” chilenos, bastante menos del 10%, tenga la oportunidad y decisión de visitar Punta Arenas. La ciudad de los vientos y del frío, donde ayer, mientras una asamblea ciudadana llamaba a un paro regional para protestar por el alza del gas, vientos de 100km/h. cortaban el suministro eléctrico y las transmisiones de los canales de televisión.  Donde los árboles crecen como bonsái retorcidos de un par de metros, porque el viento no les permite otro desarrollo.
 
Punta Arenas está lejos de Santiago, no sólo geográficamente, no sólo por su condición insular en términos de transporte, sino porque no forma parte de las conversaciones de Santiago. ¿Cuántas veces apareció Magallanes en las noticias del año pasado? ¿Quién sabe cuáles son sus desafíos y problemas? ¿Cómo viven las personas en Magallanes? ¿Cuánto aparece en las telenovelas, en las conversaciones de la farándula, en los libros de historia y geografía? Sus 150.000 habitantes constituyen una minoría poco significativa en términos  numéricos,  un 1% de los chilenos,  mucho menos que la minoría mapuche. 
 
Quizás es ese criterio de minoría ínfima el que explica el trato justo comparativo, al que apelaba el Presidente de la República de Chile cuando señaló que el alza del gas "es un trato justo para Magallanes, pero también para el resto de los chilenos". En la lógica de la matemática populista, la popularidad con el 99% es superior a la popularidad con el 1%. La mera lógica del interés de las mayorías en la conducción de los países y ejercida desde el poder central es peligrosa, injusta y abusiva, más aún cuando se aplica sobre minorías vulnerables por condiciones ambientales, regionales, de desarrollo o de diferencias profundas con la cultura dominante.
 
Atreverse a crecer
 
El problema del alza del gas de Magallanes no es sólo sobre los cinco mil o más pesos en la cuenta a fin de mes. Es quién, cómo y dónde se toma la decisión. Es si el criterio debe ser “ley pareja no es dura” o si debe haber discriminaciones positivas en beneficios de ciertas minorías. Es conocer cuáles son los criterios que guían la toma de decisiones del ejecutivo. La sana administración de los recursos, es fundamental y básica, pero insuficiente para gobernar comunidades con múltiples y diversas necesidades y prioridades. Gobernar una comunidad nacional es guiarla, unida e integrada, hacia un destino común. ¿Cuáles son las condiciones de esa unidad y de esa integración?
 
La situación de los magallánicos refleja problemas profundos del Estado de Chile. Si de este conflicto quedan como elementos destacados las amenazas de enviar a la fuerza pública como respuesta pavloviana, la crítica al papel decorativo de la intendenta designada desde el poder central, o la sorprendente capacidad del gobierno de auto generarse conflictos o “autogoles”, (o “errores no forzados” como se llaman en un Palacio más proclive a los deportes individuales), Chile habrá perdido una oportunidad de avanzar en la comprensión y mejora de las instituciones y formas de gobierno que el país, todo el país, requiere para aprovechar las inmensas oportunidades que tiene hoy, pero que no esperarán por siempre.
 
La revisión, democratización y modernización de las instituciones de gobierno regional y su relación con el gobierno nacional, es una tarea que la mirada auto satisfecha de Santiago no puede seguir postergando. Es un tema complejo, espinudo y profundo que requiere de mucha creatividad, paciencia y respeto, de la dedicación generosa de políticos y técnicos, y de una amplia expresión ciudadana para construir nuevos consensos y aperturas. Pero superar desafíos difíciles fortalece y hace progresar las comunidades humanas, nacionales o regionales. Es hora de que Chile pierda el miedo y se atreva a crecer.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Hazte cargo de tu imagen

Las imágenes país

Los gobiernos invierten considerables sumas de dinero para proyectar internacionalmente  la imagen de sus países: “Chile hace bien”, “Colombia, el riesgo es que te quieras quedar”, “Nicaragua, un país con corazón”, “Venezuela, conocerla es tu destino”, ”Brasil, sensacional”. A estas campañas pagadas, orientadas principalmente al turismo,  se suman otras imágenes y textos, las de las noticias de la televisión,  los periódicos o las revistas, que probablemente tengan más influencia en las decisiones de las personas que las de la publicidad. 

Esas noticias y campañas configurarán una representación y una emoción que influirá fuertemente en lo que las personas percibirán que es posible realizar en ese país. Por ejemplo, si lo elegirán para pasar sus vacaciones, o si será un lugar seguro para invertir sus ahorros, o si comprar y consumir los productos de ese país es recomendable o no.

¿Cuántos potenciales visitantes estarán dejando de viajar a México, debido al clima de guerra, los asesinatos y las  ejecuciones, que vemos a diario en los medios de comunicación? Para que un turista elija y llegue a un resort en la playa o a un hotel en una ciudad, entre las miles de opciones que ofrece el planeta, se requiere un conjunto de acciones y circunstancias muy precisas y hasta algo de “fortuna”.

Tu fama te precede

Con las personas pasa algo similar, a lo que sucede con la imagen de los países. Cuando quieren postular o realizar un trabajo en una organización, envían su versión oficial, el curriculum vitae, como carta de presentación. Pero la mayoría de las personas ya tiene una imagen más completa a disposición de todos, construida por los posteos, fotografías y opiniones en las cuentas de twitter y facebook. Antiguamente, la fama precedía solo a los grandes guerreros y conquistadores, hoy, en el mundo de las redes sociales, la imagen nos precede a casi todos.

Siempre se destaca la importancia de la vestimenta, para generar la primera impresión cuando alguien postula a un trabajo; a través de las fotografías de facebook se puede ver el closet completo. Los mensajes y “twiteos” pueden mostrar si la persona tiene una buena ortografía, la consistencia de sus opiniones, cuáles son sus hobbies o adicciones, con quiénes se relaciona, qué lugares frecuenta, si es seria en relación a su carrera, o si es optimista o positiva. Haz la prueba, recorre las cuentas de tus amigos en facebook, y evalúa con cuáles de ellos te gustaría trabajar o desarrollar un proyecto. La mayoría de las veces inconscientemente, las personas tienen un relato sobre sí mismas, mucho más elocuente que el que presentan en su CV.

En América Latina, las creencias políticas suelen ser radicales, por viejas o nuevas heridas, y tiñen todos los ámbitos de la vida, en todas las esferas y niveles. En ese contexto, por ejemplo, construir una imagen política “dura” podría significar perder una opción laboral, tanto en el gobierno como en la empresa privada, si el empleador tuviera ideas contrarias. Cabe preguntarse si esto debe o no ser tomado en cuenta al momento de contratar a alguien, o, si la vida laboral está o no relacionada con la vida privada. Pero es un hecho que la imagen que proyectamos y cómo los demás nos perciben, determinan nuestro espacio y posibilidades de acción y realización.

Tu imagen, ¿un aliado o un obstáculo?

Si queremos gestionar nuestra imagen, hacer de ella un aliado, primero debemos preguntarnos,  quiénes somos, qué queremos ser, cómo y con quiénes queremos vivir. Esas respuestas deben orientar la selección y organización de las fotografías, textos, declaraciones que construirán el relato con que otros se formarán una “imagen”, una idea de nosotros.

Hoy, todos somos activos productores de contenido, a menudo, inconscientes del poder de abrir o cerrar puertas que tenemos con una nota, una fotografía o un twitteo. Darnos cuenta y hacernos cargo del poder del relato y la “imagen”, de cómo determinan nuestras posibilidades, es un paso decisivo hacia la realización de quién queremos ser y en qué mundo queremos habitar.

jueves, 16 de diciembre de 2010

La urgencia del pluralismo

En América Latina, el Cuarto Poder vive en guerra con el ejecutivo. Hugo Chávez cancela concesiones en Venezuela. En Nicaragua La Prensa y el Nuevo Diario dan batallan a Daniel Ortega. En Panamá, Martinelli descalifica y amenaza a periodistas y dueños de los medios. En Argentina, Cristina Fernández se enfrenta al Clarín y La Nación. En México, Felipe Calderón, critica el papel de los medios.

En todos los países, ya es un hábito, los presidentes, de todos los signos, se quejan del trato que reciben de la prensa, de que nos los comprenden, de que sólo destacan lo malo y que no muestran lo bueno, de que los distorsionan y los atacan. Algunos gobiernos tratan de crear sus propios diarios y medios, otros nombran ministros a periodistas y personajes de televisión; son excepciones los que enfrentan “el problema” con políticas de comunicación de calidad y transparencia.

El conflicto parece ser parte del ADN de la relación medios –gobierno, es inevitable que haya medios más proclives al gobierno y otros a la oposición. Por razones ideológicas o para incrementar las ventas, la tendencia de los medios es a exacerbar los conflictos, a simplificar y generar versiones blanco y negro de la realidad. La crítica al gobierno y los políticos vende y gratifica tanto como la popularidad: más conflicto significa más ventas, más seguidores es sinónimo de más ingresos.

En el continente las tentaciones autoritarias y continuistas de los gobernantes son frecuentes, el desarrollo de la democracia, con sus derechos y responsabilidades, incipiente. En ese contexto, aunque no sea siempre de buena leche, ni rigurosa, ni de calidad, ni documentada, la crítica de los medios es un cierto contrapeso al poder dominante. Es mejor que haya medios amarillistas y bárbaros, que un monopolio donde sólo se exprese una opinión favorable al gobierno y a los poderes dominantes.

La convergencia de monopolios comunicacionales con el poder político y económico configura una forma de totalitarismo, de visiones unilaterales y excluyentes, agendas controladas y monotemáticas y ocultamiento de situaciones y conflictos que molesten al poder. Este clima mediático genera desconfianza ciudadana hacia las instituciones, y debilitamiento de la democracia y el respeto como forma de convivencia. Es más fácil mejorar medios mediocres que construir una visión crítica o soluciones alternativas a los problemas en un ambiente totalitario.

La complejidad y magnitud de los desafíos de nuestra época requiere el concurso de la mayor diversidad de opiniones y culturas. Para transformar y construir sociedades más felices y desarrolladas es urgente incluir, respetar, ampliar. En un mundo globalizado que reconoce que no existen las verdades únicas, el fomento de la diversidad es una necesidad imperiosa.

No basta con aceptar y tolerar la libertad de expresión. El pluralismo debe ser promovido activamente por el Estado y la sociedad como núcleo cardinal del derecho a la comunicación.

PD: En Chile, todos los periódicos cotidianos y todos los canales de televisión abierta profesan la misma ideología, que es la misma del gobierno.

martes, 16 de noviembre de 2010

Los discursos anímicos y slogans de las élites del Bicentenario



En el Bicentenario se manifestaron, con diferente fuerza, dos grandes discursos anímicos que atraviesan las élites dirigentes chilenas. “Lo hacemos bien” y “la resiliencia o la energía” para levantarse frente a la adversidad.
Lea este artículo en el Blog "La Década de la Comunicología" (publicado el 19 de septiembre de 2010)             

martes, 23 de marzo de 2010

El terremoto de Jorge Ramos y Don Francisco

En Chile, en el hablar cotidiano, cuando algo trastoca el orden lógico o lo esperable, en la política o en el deporte o cualquier situación, se dice “esto es un terremoto”. Cuando algo es “un terremoto” rompe paradigmas, levanta preguntas y abre perspectivas y reflexiones inusuales para la comunidad o la sociedad en su conjunto.

Habitualmente, las catástrofes naturales o humanas abren espacios para preguntarse de manera más activa y penetrante. Recuerdo que en 1992, estaba en Nueva York, cuando los policías que habían golpeado brutalmente a Rodney King, fueron declarados “no culpables”, y estallaron las revueltas y saqueos en el South Central de Los Ángeles y muchos barrios pobres de Estados Unidos. Me llamó la atención, la radicalidad y la libertad de las conversaciones y debates que se instalaron en los medios de comunicación en los días posteriores: se hablaba del “fin del Sueño Americano”, de la pobreza escondida. América se miró profundamente y se abrió al cambio.

En menos de dos semanas, Estados Unidos modificó su imagen de potencia triunfante de la Guerra Fría y comenzó a surgir la de un país que tenía “en casa” los problemas sociales y humanos que pensaba que eran exclusivos del subdesarrollo. La reflexión sobre ese “terremoto social” fue sin duda uno de los puntos de inflexión de la campaña presidencial de 1992, y la transformación del contexto socio mediático fue un factor determinante en la victoria de Bill Clinton sobre George Bush.

Los desastres naturales también suelen instalar en las sociedades, momentos de debates profundos y cuestionadores. No sólo en Estados Unidos, como después de los Huracanes Andrew o Katrina, también en América Latina se recuerdan los intensos debates y reflexiones sobre el estado de la sociedad, después de los terremotos de Managua en 1972 y de la Ciudad de México en 1985, o del Huracán Mitch que desoló, en 1998, a Nicaragua y Honduras.

Por esto, quizás no es tan sorprendente que luego de visitar la zona del desastre en Concepción y recoger impresiones y testimonios, Jorge Ramos, destacado periodista y conductor de Univisión, escriba un artículo titulado “Dos Chile Tras el Sismo”, donde señala “que en realidad hay dos Chiles” y uno de ellos, el más pobre, apareció cuando el terremoto corrió el velo de la ilusión.

Lo que sí es sorprendente, es la respuesta de Mario Kreutzberger, el popular Don Francisco de Sábados Gigantes que descalifica de entrada las opiniones de Ramos. Aunque titula su nota “Con respeto”, a continuación de realizar una especie de autocrítica a la simplificación de sus opiniones en alguno de sus propios viajes a países en “situación de excepción”, concluye “me pregunté cuántas veces también me habré equivocado”.

El Mercurio, el diario conservador y más tradicional de Chile, destacó en primera plana “Don Francisco defiende a Chile”. En la nota Kreutzberger explica su reacción: “Si el artículo hubiese tocado a mi persona, no lo habría contestado. Esto no es sobre mí, es sobre Chile en el Terremoto”.

La respuesta de Don Francisco, es la reacción de uno de los íconos mediáticos e intocables del Chile actual, intentando con urgencia volver a colocar el velo que Jorge Ramos remueve o señala con su nota. Ese velo que se esfuerza por dejar traslucir sólo el pedazo de Chile casi desarrollado, exitoso, modelo en el manejo de la macroeconomía y en la fortaleza de sus instituciones, integrado a la OCDE y a todo el mundo. Paradojalmente quizás el chileno “más ciudadano del mundo”, que desarrolla con éxito su empresa de comunicaciones en Estados Unidos, es quién descalifica la opinión de un reconocido periodista por ser foráneo. Molesto, como argumento validador de sus opiniones, Kreutzberger señaló a El Mercurio: “Nací ahí, y tengo la percepción de mi pueblo”.

La dificultad de conversar 

No se trata de quién tiene la razón. Si quién dice que no puede ser la presidenta de un país la que deba “decretar” si hay tsunami , o que los sistemas de alerta no funcionaron y costaron las vidas a cientos de personas, o que el bello aeropuerto de Santiago estaba diseñado para París donde no conocen los temblores, o que los saqueos fueron por desesperación o por codicia, o que los vecinos se hayan armado y encendido hogueras para protegerse de los asaltantes, o que miles de chilenos solidarios viajaron espontáneamente desde cientos de kilómetros hacia las zonas afectadas llevando ayuda, o que se recaudó una cifra record de ayuda en una “teletón” solidaria.

Lo importante, hasta por razones terapéuticas, es establecer la conversación, levantar las preguntas. El problema es que Chile tiene una auto percepción coagulada y defendida conscientemente por los administradores de imagen del modelo. Una imagen que se administra con mayor facilidad reposando sobre el pánico a disentir, al que tiene una visión diferente, al que cuestiona el estado de las cosas, al que hace preguntas más de fondo.
Las evidentes observaciones de Jorge Ramos, las obvias preguntas que surgen de las mismas, no están presentes en los medios de comunicación masivos de Chile. En la cobertura del terremoto, la televisión, se ha preocupado más de la mal llamada “nota humana”, que mantenga la sintonía a través del horror o de la gloria, que de buscar explicaciones, o de preguntarse y abrir perspectivas.

Los canales de televisión, y Don Francisco los defiende muy bien en su nota “se unieron en un maratónico programa que logró recaudar la cifra record de 75 millones de dólares”. La Teletón es desde hace décadas el “gran evento de unidad nacional”, símbolo estable, incuestionable e “incriticable” donde se unen durante 24 horas de cadena nacional los canales de televisión, políticos y deportistas, gente del espectáculo y de la empresa, sin distinciones en un solo Chile que anima Don Francisco.

Luego del terremoto, a petición de la ex presidenta Bachelet, se implementó rápidamente la fórmula. Junto con la recaudación de fondos, se restableció la normalidad. Los héroes de la independencia de Chile clamaban en la adversidad “Aún tenemos Patria, ciudadanos”, doscientos años después, el grito pareció ser “Aún tenemos Teletón –y mejor que nunca-“. Se reconstruyó uno de los símbolos de la sociedad espectáculo articuladora y validadora del velo mediático, se restableció la fé en la bondad solidaria de los chilenos amenazada por la crudas imágenes de los saqueos, la presidenta saliente, Bachelet, se abrazó con el presidente electo, Piñera, reconciliando a las dos opuestas coaliciones.

Pero de debate y conversaciones nada. Peligroso estado de silencio y bloqueo del diálogo, cuando se requiere desatar la creación e imaginación para renovar el desarrollo y devolver el impulso a regiones donde el desastre dejó pérdidas materiales por 30.000 millones de dólares. Donde el añejísimo centralismo chileno habla de hacerse cargo de la reconstrucción y ayuda, y los afectados tiemblan, esta vez por dentro. Es que este no es el primer gran cataclismo que sufre Chile, Valdivia en los sesenta sufrió el peor terremoto de la historia de la humanidad y nunca más volvió a incorporarse al desarrollo con la vitalidad de ante; Tocopilla que fue devastada por un terremoto hace cinco años, todavía es una ciudad de viviendas provisorias.

Pareciera que los chilenos, particularmente quienes detentan el poder de los medios de comunicación y los de ese “10% más acomodado que acumula más de la mitad del ingreso”, del que habla Jorge Ramos, pueden aceptar que se mueva la tierra y bote edificios, puertos y aeropuertos, pero no que bote la imagen de Chile que han construido.

Este terremoto real, a diferencia de aquel del habla popular chilena que todo lo cambia y lo transforma, se parece más a uno surgido de la filosofía de El Gatopardo, del escritor italiano Giuseppe di Lampedusa que dice “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.

martes, 5 de enero de 2010

Trabajar con coherencia


Actualmente, sobran conocimientos y recursos para resolver los grandes problemas y desafíos del Chile Bicentenario, pero tanto a los ciudadanos, como a nuestros líderes e instituciones, parece que les cuesta enfocarse, dedicarse con disciplina y esfuerzo y ser coherentes en sus conductas, emociones y declaraciones.
Pareciera que les pasa lo mismo que a las personas que quieren bajar de peso y buscan todo tipo de distorsionados caminos, cuando es claro que lo único que funciona es comer menos y hacer ejercicio. Sin embargo, consumen pastillas, maquinas, cremas y dietas milagrosas que crean la ilusión de que se están haciendo cargo del problema.
Sabemos lo que hay que hacer, pero requiere mucho esfuerzo y es aburrido. Esta incoherencia entre nuestro conocimiento racional, nuestras emociones y nuestras acciones es una de las características de los seres humanos occidentales de hoy.
En el Bicentenario, es necesario reconfigurar la comunidad nacional, con respeto y apertura, ponerse de acuerdo, definir qué queremos, cómo queremos convivir. No en reuniones de café donde escupimos la crítica rabiosa, sino en sesiones de trabajo, en cabildos y asambleas, con método y resoluciones. Luego la comunidad debe asumir los acuerdos y actuar coherentemente. Cada uno asumiendo su papel: mejores personas, mejores líderes y mejores instituciones para soñar y construir un mejor país, para los chilenos y chilenas de hoy y los que dentro de cien años, celebrarán el Tricentenario.

sábado, 2 de enero de 2010

La necesaria década de la comunicología


Esta primera década del milenio será recordada como la de la explosión de las tecnologías de la información. Redes de computadores en la banca, el comercio, el gobierno y los colegios posibilitan interacciones en línea con una masividad que pocos imaginaron se alcanzaría tan rápidamente. Los blogs y las imágenes enviadas desde los celulares rompen el bloqueo informativo de los regímenes autoritarios. Hoy, el correo electrónico o el otrora popular Messenger, parecen herramientas de la antigüedad, frente a las presentes y actuales redes sociales como facebook o twitter.

En este siglo, el latido de las tecnologías de la pantalla conectó las reacciones simultáneas de la humanidad entera, como cuando seguimos con asombro el ataque a las Torres Gemelas o la magia de las Olimpiadas de Beijing.

Pero paradojalmente, la verdadera comunicación, esa que sucede entre las personas, que crea y transforma, parece estancada y hasta en retroceso. Grandes pensadores de la humanidad advierten que estamos frente a una crisis de civilización y de desarrollo, cuyos signos más evidentes son el medio ambiente, la economía y la convivencia en las mega urbes. Para resolver esta crisis requerimos urgentemente que la segunda década del milenio sea la de la verdadera comunicación, esa de la creación de comunidades, de universos compartidos, de la conversación y el respeto, donde tomamos decisiones que nos unen porque nos sentimos parte de una misma comunidad nacional y humana.
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