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lunes, 18 de enero de 2010

Comunidad Nacional y no Unidad Nacional



En una jornada electoral impecable, los chilenos y chilenas decidimos quién será el presidente que nos guiará en el camino del Bicentenario.


En diciembre, luego de una campaña sorprendente, conectada y sintonizada con las emociones de la gente, Sebastián Piñera, logró una diferencia decisiva. La ventaja fue tan grande que a pesar de que la Concertación realizó una campaña de segunda vuelta que permitió recordar sus mejores tiempos, Piñera obtuvo la decisión final.


Es indudable que el Chile del Bicentenario tiene que construir nuevos acuerdos. Pero, cuidado, no como los de los noventa, que respondían a la dicotomía democracia o dictadura. Los acuerdos del Bicentenario deben expandir el universo de lo posible y no limitar la creatividad social con la amenaza. Deben ser el marco generoso para el desarrollo de instituciones y personas innovadoras capaces de enfrentar los desafíos de un mundo en constante cambio.


Para construir estos acuerdos, más que Unidad Nacional se requiere una Comunidad Nacional. La Unidad Nacional a menudo refleja un pensamiento único y autoritario donde la mayoría aplasta a las minorías por el bien de la Patria, Dios o alguna razón suprema. La Comunidad Nacional conversa en el respeto y pone en el centro de su preocupación a las personas y los ciudadanos, valora el debate porque le permite construir nuevos acuerdos y caminos comunes, valora la diversidad porque significa más opciones y soluciones.

martes, 12 de enero de 2010

No votamos por ellos, votamos por nosotros


Los comandos de campaña siguen atrapados en la lógica del plebiscito del año 88. El argumento más reiterativo es el NO. No a Piñera y No a la Concertación.

El país de hoy es muy diferente al de entonces. La posibilidad de asumir los problemas con más libertad y riqueza de matices, desde distintas perspectivas, opuestas y complementarias, es quizás el mayor logro de estos 20 años de democracia y plantea nuevos desafíos para la política. Desde esta perspectiva se puede decir que el barco de la Concertación nos llevó a buen puerto.

Estamos iniciando una nueva etapa. Hay que seguir navegando, y al mismo tiempo remplazar las piezas deterioradas del barco, y ponerse de acuerdo, TODOS, en la nueva ruta, en el próximo puerto. Necesitamos conversación e integración de conocimientos, políticos, técnicos, empresariales, científicos y ciudadanos. Tenemos que potenciar las regiones, transformar la educación, integrar e incluir a todos y todas, enfatizar en un desarrollo sustentable centrado en el ser humano, vigorizar nuestra identidad.

El presidente que votemos tiene que ser capaz de escuchar y articular, de convocar a debatir a todos los chilenos sobre el país en qué queremos vivir, para construir juntos la carta de navegación de los nuevos tiempos.

El 17 de enero no votamos para sancionar o aprobar el pasado, el 17 de enero elegimos al presidente que guiará la comunidad nacional hacia el futuro.

martes, 5 de enero de 2010

Trabajar con coherencia


Actualmente, sobran conocimientos y recursos para resolver los grandes problemas y desafíos del Chile Bicentenario, pero tanto a los ciudadanos, como a nuestros líderes e instituciones, parece que les cuesta enfocarse, dedicarse con disciplina y esfuerzo y ser coherentes en sus conductas, emociones y declaraciones.
Pareciera que les pasa lo mismo que a las personas que quieren bajar de peso y buscan todo tipo de distorsionados caminos, cuando es claro que lo único que funciona es comer menos y hacer ejercicio. Sin embargo, consumen pastillas, maquinas, cremas y dietas milagrosas que crean la ilusión de que se están haciendo cargo del problema.
Sabemos lo que hay que hacer, pero requiere mucho esfuerzo y es aburrido. Esta incoherencia entre nuestro conocimiento racional, nuestras emociones y nuestras acciones es una de las características de los seres humanos occidentales de hoy.
En el Bicentenario, es necesario reconfigurar la comunidad nacional, con respeto y apertura, ponerse de acuerdo, definir qué queremos, cómo queremos convivir. No en reuniones de café donde escupimos la crítica rabiosa, sino en sesiones de trabajo, en cabildos y asambleas, con método y resoluciones. Luego la comunidad debe asumir los acuerdos y actuar coherentemente. Cada uno asumiendo su papel: mejores personas, mejores líderes y mejores instituciones para soñar y construir un mejor país, para los chilenos y chilenas de hoy y los que dentro de cien años, celebrarán el Tricentenario.
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