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sábado, 12 de febrero de 2011
Revolución de la Paz en Egipto: Esperanza para el Mundo Árabe y la humanidad
El estereotipo septiembre 11
Desde el atentado a las Torres Gemelas del 11 de Septiembre de 2001, los medios de comunicación internacionales habían profundizado en los prejuicios y estereotipos que mostraban la imagen de un mundo árabe homogéneamente violento. Esto parecía asociado a una especie de “psiquis islámica” intrínsecamente sectaria e intolerante, que había llevado a un paisaje del mundo árabe que sólo admite caudillos autócratas de origen militar o religioso, apoyados por las potencias occidentales o por Dios.
Quizás era una manera de seguir justificando desde la moral occidental, una de las guerras más públicamente injustas y mentirosas de la Historia, la de Irak, iniciada contra la opinión de los organismos y opinión pública internacionales, fundada en una red de mentiras que bajaban desde la misma Casa Blanca, justificada por la búsqueda de armas de destrucción masiva y conspiraciones nucleares que sólo existían en las mentes de los equipos militares y políticos de Bush, Blair y Aznar.
Durante una década, en los medios noticiosos, los terroristas asesinaban y las turbas de fundamentalistas quemaban banderas occidentales; mientras en Hollywood, en las películas y series, los islámicos superaban ampliamente en el papel de villano principal a narcotraficantes mexicanos y colombianos. A la narrativa mediática masiva, “noticiosa” o de ficción, le gustan las cosas simples y vistosas, los buenos y malos. No caben los millones de ciudadanos y activistas del Mundo Árabe, que cotidianamente sufren y luchan contra la opresión y represión de los tiranos y terroristas militares y religiosos.
La renovada fuerza de la Paz
El ingreso al escenario mundial de la multitud de la paz y el cambio, que ocupó las plazas y calles de Egipto con persistente paciencia, durante 18 días, representa la oportunidad de un cambio radical desde la perspectiva de los grandes estereotipos y prejuicios que guían la opinión pública mundial. Y sabemos, que desde la masificación e instantaneidad de los medios, la opinión pública y los medios internacionales definen la agenda política internacional.
En Egipto, la enorme comunidad ciudadana y pacífica, se congregaba y comunicaba, ponía en común sus ideas y sus emociones y realizaba acciones muy simples: estar en un lugar, caminar, celebrar, rezar, cantar. La fuerza tranquila exigiendo decididamente el derecho a construir un mejor futuro. Cuando un extraviado Mubarak intento arrebatarles el triunfo, surgió el grito espontáneo de la ira, pero no se canalizó a hacia la destrucción o los movimientos violentos que algunos comentaristas de medios imaginaron. Al contrario, más gente salió a las calles al día siguiente, el de la plegaria, y rodearon los edificios más emblemáticos del gobierno, el Palacio Nacional, el de la Televisión Estatal, la Casa Presidencial.
La Revolución Egipcia restituye la dignidad y el orgullo al Mundo Árabe en más de una manera, y trasciende las fronteras del Islam. En una época de desconcierto y crisis de las instituciones políticas y religiosas devuelve la fe a los movimientos libertarios y ciudadanos del mundo y demuestra la eficacia de la paz activa y disciplinada, en una dimensión comparable a la del movimiento de Gandhi para alcanzar la Independencia de India del Imperio Británico.
No olvidemos a los 300 ciudadanos Egipcios, que a diferencia de los de Esparta, pusieron sus pechos abiertos frente a las armas, garrotes y machetes, y ofrendaron sus vidas para que mediante la paz se abra el camino hacia una mejor humanidad.
jueves, 10 de febrero de 2011
La imagen condena a la Intendenta
Cuando escuchamos el audio de la reunión de Jacqueline Van Rysselberghe donde declaraba que había mentido para conseguir algunos beneficios, muchos imaginamos que se trataba de una reunión íntima con sus partidarios, donde hay minutos de confianza, todo está medio a oscuras, con frío y la gente humilde se agrupa alrededor del líder para escuchar las buenas nuevas. Sus dichos de que las “declaraciones habían sido sacadas de contexto”, para quienes creían en la intendenta respaldaban esa explicación, transformándola en una falta, pero menor. El propio presidente Piñera señaló que “estaba mal pero que la intención era buena”. Esa es la magia del audio, la imaginación que acepta y permite diferentes interpretaciones.
Pero hoy, en CNN Chile, apareció el video del momento en que la intendenta emite la frase y se pudo apreciar con claridad el contexto. Se ve una imagen completamente distinta. Estamos en un acto oficial, preparado y planificado, con alfombras rojas, con un estrado donde otras tres personas de parkas rojas de gobierno acompañan a la intendenta, una pantalla para proyecciones, una gran cantidad de personas sentadas en sillas, es decir se trata de un acto oficial y no de una reunión informal con “gente de confianza”. Cambia completamente la apreciación sobre la frase y su contexto, esa es la magia de la imagen.
Si en un acto oficial, los máximos representantes de las instituciones pueden contar como se burlan del sistema –aun con las mejores intenciones- el sistema democrático y sus instituciones están en serios problemas. ¿Qué se puede esperar de los ciudadanos comunes y corrientes, de aquellos que ni siquiera se inscriben en los registros electorales porque ya no creen en el sistema? Un papel fundamental de las autoridades es encarnar, y no solo hacer respetar sino que fortalecer las instituciones, que son la principal defensa de los ciudadanos frente a los abusos de todo tipo.
jueves, 30 de diciembre de 2010
Diez días que estremecieron México
En la Ciudad de México, las abundantes luces que adornan las principales avenidas, los juegos de invierno instalados en el Zócalo, -pista y tobogán de hielo y fábrica de muñecos de nieve-, anuncian una temporada navideña normal en el año del Bicentenario. Tranques de fin de año, bocinas de los automovilistas y canciones navideñas repitiéndose en las tiendas y malls. Lo único disonante, fueron esos doscientos granaderos con equipamiento antimotines rodeando una treintena de reyes magos frente al Monumento a Benito Juárez.
Pero, las portadas de los periódicos y las noticias de la televisión mostraron cada día, imágenes de una realidad nacional asombrosa y trágica. Tuve la sensación de vivir unos macabros “diez días que estremecieron el mundo”, de asistir a una vorágine histórica que, por la rapidez de su desarrollo, no daba tiempo de analizarla. Ni siquiera los agudos intelectuales mexicanos, en algún foro de televisión a altas horas de la noche, lograban interpretar lo que sucedía y más bien se sumaban al coro del desconcierto e indignación ciudadana, como un perplejo más.
Guerra a dos horas de Ciudad de México
Cuando aterricé en el DF, el domingo 12, todavía ardían camiones en las carreteras y sonaban las ráfagas en el estado de Michoacán, a dos o tres horas de la capital nacional. Las infografías publicadas en los periódicos mostraban nueve lugares, incluida Morelia, la capital del estado, donde los militares se enfrentaban con los miembros de la Familia Michoacana. En un ataque realizado desde helicópteros Black Hawk el ejército logró abatir al líder ideológico, diplomático y militar de la Familia, Nazario Moreno y a varios de sus sicarios. El Ejército reconoce 11 muertos, entre los que se cuentan 3 civiles y 5 policías federales, pero en un país inundado por la sospecha, diferentes medios sitúan los muertos en varias decenas.
Durante la semana posterior se desarrollaron cuatro manifestaciones que pedían la salida del ejército de Michoacán y honraban la memoria del líder narcotraficante. Ayer, los jefes de recambio de la Familia Michoacana emitieron comunicados advirtiendo a la población de no usar las carreteras durante las fiestas de Navidad y de permanecer en sus hogares, anunciando que “la batalla recién comienza”. En el marco de la guerra de comunicados, el gobierno negó que exista apoyo ciudadano hacia la organización criminal y declara tenerla cercada.
Liberando sicarios
Cinco días más tarde, el viernes 17, en un estado del Norte, Tamaulipas, 145 reos salieron por la puerta principal del penal de Nuevo Laredo, abordaron buses y huyeron. El rescate masivo es el mayor, pero no el primero, organizado por los carteles que se diputan salvajemente las rutas de la droga hacia Estados Unidos. Según algunos comentaristas los muertos en la guerra entre las bandas son tantos, que la liberación masiva de reos es la manera más rápida de reponer las bajas y contar con soldados para las batallas. La guerra al narcotráfico declarada por el presidente Calderón, en 2006, ha dejado más de 30,000 víctimas.
En Tamaulipas rige una brutal ley del silencio impuesta por los carteles de la droga a los periodistas, los programas sociales de gobierno no llegan a las comunidades alejadas de las carreteras pues los caminos secundarios se encuentran en manos de las bandas armadas, y hace algunos meses durante la campaña para elegir gobernador, fue asesinado el candidato del PRI. A los ciento cuarentaicinco reos de alta peligrosidad, que escaparon del penal de Nuevo Laredo, se suman a otros doscientos fugados durante este año desde las cárceles de Matamoros y Reynosa. El Jefe de Gobierno del Tamaulipas y el Presidente del Gobierno Nacional se recriminan mutuamente por la responsabilidad en la fuga.
Ordeñando para la muerte
Dos días después, el domingo 19, otra fuga, esta vez de combustible, provocó una explosión que mató a 30 personas y destruyó 115 casas, en San Martín Texmelucan, en el estado de Puebla. El robo de combustible desde un ducto de PEMEX, lo que popularmente se llama “ordeña”, habría generado las condiciones del desastre. La empresa estatal de petróleos de México, tiene una importancia económica, simbólica y política determinante para el estado, constituye el sistema circulatorio de los recursos fiscales. Las organizaciones delictivas que organizan la “ordeña” de los ductos de PEMEX, exportan el botín hasta refinerías en Estados Unidos, y manejan un negocio que alcanza los 1000 millones de dólares anuales, sin que el estado tenga la capacidad de proteger el petróleo mexicano. A propósito del robo organizado en PEMEX, los analistas recordaban que hace algunos años desde una de las plataformas de explotación marina, en una noche, desapareció un helipuerto.
Asesinato en cámara
Tres días antes, el jueves 16, en Chihuahua, Marisela Escobedo, fue ejecutada frente al Palacio de Gobierno, al lado de una cruz donde 300 clavos recuerdan las 300 mujeres asesinadas durante el año 2010 en ese estado, el genocidio más incomprensible y vergonzoso de la América Latina de hoy. El asesinato fue grabado y difundido en los telediarios y redes sociales. En las imágenes se ve como Marisela intenta arrancar cruzando la calle, y un hombre la persigue para dispararle en la cabeza y posteriormente huir en un automóvil. La mujer pedía justicia por la muerte de su hija, cuyo asesino confeso, fue liberado por los jueces.
Mientras se organizaban los funerales de Marisela, fue secuestrado su cuñado y le prendieron fuego a su negocio, una empresa maderera. Horas más tarde fue encontrado ejecutado. La policía descartó alguna relación con la muerte de Marisela. En el caso del cuñado, explicaba la policía, el castigo fue porque se negó a pagar una extorsión, llamada derecho de piso, para funcionar con su negocio. Según las organizaciones de Derecho Humanos, menos del 1% de los crímenes y delitos cometidos en México termina en castigo.
Los políticos también
Mientras tanto, en Ciudad de México, el corazón del antiguo virreinato, el de la política cortesana y conspirativa, dos noticias relacionadas con los políticos impactaron la semana. La primera, el desafuero constitucional del diputado Julio Cesar Godoy. En septiembre, Godoy, buscado por la policía, había logrado introducirse durante la noche al edificio de la Cámara de Diputados, para amanecer ahí, prestar juramento y obtener la inmunidad para protegerse de la acusación de ser miembro de la organización criminal de la familia michoacana. Hoy, el desaforado honorable se encuentra prófugo.
Los diez días terminaron con otra noticia del mundo político: la liberación de Diego Fernández Ceballos, uno de los políticos más emblemáticos e influyentes de México, del partido de gobierno actual, el PAN, ex candidato presidencial que encabezó la oposición a los gobiernos del PRI. El Jefe Diego, como le llaman en México, estuvo secuestrado más de 7 meses, y fue liberado el lunes 21, luego del pago de un millonario rescate.
La imagen cinematográfica de Diego Fernández, fue motivo de transmisiones especiales y grandes titulares que relegaron a notas menores la denuncia de la Cancillería Salvadoreña del secuestro y desaparición desde un tren, en Oaxaca, de 50 migrantes centroamericanos que se dirigían a Estados Unidos. Con una amplia barba crecida durante su cautiverio, que acentuaba su aspecto de Quijote, y unos ojos húmedos por la emoción, Jefe Diego, realizó declaraciones conciliadoras hacia sus captores y agradeció la moderación y responsabilidad de los medios y periodistas en la cobertura de su secuestro.
Desconcierto funcional
En un mundo acostumbrado a los escándalos y excesos de los medios, resulta sorprendente la mesurada narrativa periodística de los periódicos y canales de televisión mexicanos. Los extraordinarios eventos previos a la Navidad fueron tratados como una noticia más, ubicada entre la farándula y el deporte. Los columnistas y editorialistas, dan la nota emocional, se indignan pero no explican, probablemente nadie quiere transformase en mensajero de un diagnóstico que nadie quiere escuchar, menos antes de Navidad. Los senadores y políticos entrevistados abundantemente, tampoco se escuchan demasiado alterados o preocupados. La calma de los medios oficiales, periodísticos y políticos, contrasta con la reacción de los ciudadanos en las redes sociales, donde los mensajes breves y radicales, parecen hacer sonar una alarma que el poder formal no quiere escuchar en toda su magnitud.
En otros países, los hechos ocurridos significarían escándalos y conmociones, destituciones de ministros y gobernadores, y hasta la caída del gobierno. Para que suceda cada uno de esos eventos, se requiere una trama de acciones y decisiones, omisiones y colusiones, que acusa el deterioro de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Cabe preguntarse si la extensión del narcotráfico es causa o consecuencia, o ambas, del desplome institucional. Sin embargo, el poder central parece tranquilo, parado sobre los restos de un pasado esplendor, con su puesta en escena y magnificencia, que todavía simula un estado que en gran parte del territorio no funciona.
Lamentablemente, lo sucedido en estos diez días no es una crisis mediática, sensacionalista y voyerista, que se olvidará y superará con los regalos, los pavos de navidad, los villancicos y las vacaciones de fin de año. Al contrario, si alguna responsabilidad le cabe a los medios, es la de no dar a conocer y contextualizar la magnitud y profundidad de la crisis, de no sincerar el estado del país. Quizás mantener la ilusión de vivir en el contexto de lo “normal” es un mecanismo de defensa y sobrevivencia propio de cualquier situación humana límite, pero muy peligroso.
Para mejorarse, primero hay que reconocer y diagnosticar la enfermedad. Hacerlo es urgente. El domingo, en Guatemala, el presidente Álvaro Colom, decretó estado de sitio y ocupó con el ejército el departamento de Alta Verapaz, fronterizo con México, para tratar de rescatarlo de las manos del cartel mexicano de los Zetas. El derrumbe del gigante mexicano puede contagiar la región con consecuencias mucho más catastróficas que las de la mediática gripe H1N1.
jueves, 16 de diciembre de 2010
La urgencia del pluralismo
En América Latina, el Cuarto Poder vive en guerra con el ejecutivo. Hugo Chávez cancela concesiones en Venezuela. En Nicaragua La Prensa y el Nuevo Diario dan batallan a Daniel Ortega. En Panamá, Martinelli descalifica y amenaza a periodistas y dueños de los medios. En Argentina, Cristina Fernández se enfrenta al Clarín y La Nación. En México, Felipe Calderón, critica el papel de los medios.
En todos los países, ya es un hábito, los presidentes, de todos los signos, se quejan del trato que reciben de la prensa, de que nos los comprenden, de que sólo destacan lo malo y que no muestran lo bueno, de que los distorsionan y los atacan. Algunos gobiernos tratan de crear sus propios diarios y medios, otros nombran ministros a periodistas y personajes de televisión; son excepciones los que enfrentan “el problema” con políticas de comunicación de calidad y transparencia.El conflicto parece ser parte del ADN de la relación medios –gobierno, es inevitable que haya medios más proclives al gobierno y otros a la oposición. Por razones ideológicas o para incrementar las ventas, la tendencia de los medios es a exacerbar los conflictos, a simplificar y generar versiones blanco y negro de la realidad. La crítica al gobierno y los políticos vende y gratifica tanto como la popularidad: más conflicto significa más ventas, más seguidores es sinónimo de más ingresos.
En el continente las tentaciones autoritarias y continuistas de los gobernantes son frecuentes, el desarrollo de la democracia, con sus derechos y responsabilidades, incipiente. En ese contexto, aunque no sea siempre de buena leche, ni rigurosa, ni de calidad, ni documentada, la crítica de los medios es un cierto contrapeso al poder dominante. Es mejor que haya medios amarillistas y bárbaros, que un monopolio donde sólo se exprese una opinión favorable al gobierno y a los poderes dominantes.
La convergencia de monopolios comunicacionales con el poder político y económico configura una forma de totalitarismo, de visiones unilaterales y excluyentes, agendas controladas y monotemáticas y ocultamiento de situaciones y conflictos que molesten al poder. Este clima mediático genera desconfianza ciudadana hacia las instituciones, y debilitamiento de la democracia y el respeto como forma de convivencia. Es más fácil mejorar medios mediocres que construir una visión crítica o soluciones alternativas a los problemas en un ambiente totalitario.La complejidad y magnitud de los desafíos de nuestra época requiere el concurso de la mayor diversidad de opiniones y culturas. Para transformar y construir sociedades más felices y desarrolladas es urgente incluir, respetar, ampliar. En un mundo globalizado que reconoce que no existen las verdades únicas, el fomento de la diversidad es una necesidad imperiosa.
No basta con aceptar y tolerar la libertad de expresión. El pluralismo debe ser promovido activamente por el Estado y la sociedad como núcleo cardinal del derecho a la comunicación.
PD: En Chile, todos los periódicos cotidianos y todos los canales de televisión abierta profesan la misma ideología, que es la misma del gobierno.
martes, 23 de marzo de 2010
El terremoto de Jorge Ramos y Don Francisco
En Chile, en el hablar cotidiano, cuando algo trastoca el orden lógico o lo esperable, en la política o en el deporte o cualquier situación, se dice “esto es un terremoto”. Cuando algo es “un terremoto” rompe paradigmas, levanta preguntas y abre perspectivas y reflexiones inusuales para la comunidad o la sociedad en su conjunto.
Habitualmente, las catástrofes naturales o humanas abren espacios para preguntarse de manera más activa y penetrante. Recuerdo que en 1992, estaba en Nueva York, cuando los policías que habían golpeado brutalmente a Rodney King, fueron declarados “no culpables”, y estallaron las revueltas y saqueos en el South Central de Los Ángeles y muchos barrios pobres de Estados Unidos. Me llamó la atención, la radicalidad y la libertad de las conversaciones y debates que se instalaron en los medios de comunicación en los días posteriores: se hablaba del “fin del Sueño Americano”, de la pobreza escondida. América se miró profundamente y se abrió al cambio.
En menos de dos semanas, Estados Unidos modificó su imagen de potencia triunfante de la Guerra Fría y comenzó a surgir la de un país que tenía “en casa” los problemas sociales y humanos que pensaba que eran exclusivos del subdesarrollo. La reflexión sobre ese “terremoto social” fue sin duda uno de los puntos de inflexión de la campaña presidencial de 1992, y la transformación del contexto socio mediático fue un factor determinante en la victoria de Bill Clinton sobre George Bush.
Los desastres naturales también suelen instalar en las sociedades, momentos de debates profundos y cuestionadores. No sólo en Estados Unidos, como después de los Huracanes Andrew o Katrina, también en América Latina se recuerdan los intensos debates y reflexiones sobre el estado de la sociedad, después de los terremotos de Managua en 1972 y de la Ciudad de México en 1985, o del Huracán Mitch que desoló, en 1998, a Nicaragua y Honduras.
Por esto, quizás no es tan sorprendente que luego de visitar la zona del desastre en Concepción y recoger impresiones y testimonios, Jorge Ramos, destacado periodista y conductor de Univisión, escriba un artículo titulado “Dos Chile Tras el Sismo”, donde señala “que en realidad hay dos Chiles” y uno de ellos, el más pobre, apareció cuando el terremoto corrió el velo de la ilusión.
Lo que sí es sorprendente, es la respuesta de Mario Kreutzberger, el popular Don Francisco de Sábados Gigantes que descalifica de entrada las opiniones de Ramos. Aunque titula su nota “Con respeto”, a continuación de realizar una especie de autocrítica a la simplificación de sus opiniones en alguno de sus propios viajes a países en “situación de excepción”, concluye “me pregunté cuántas veces también me habré equivocado”.
El Mercurio, el diario conservador y más tradicional de Chile, destacó en primera plana “Don Francisco defiende a Chile”. En la nota Kreutzberger explica su reacción: “Si el artículo hubiese tocado a mi persona, no lo habría contestado. Esto no es sobre mí, es sobre Chile en el Terremoto”.
La respuesta de Don Francisco, es la reacción de uno de los íconos mediáticos e intocables del Chile actual, intentando con urgencia volver a colocar el velo que Jorge Ramos remueve o señala con su nota. Ese velo que se esfuerza por dejar traslucir sólo el pedazo de Chile casi desarrollado, exitoso, modelo en el manejo de la macroeconomía y en la fortaleza de sus instituciones, integrado a la OCDE y a todo el mundo. Paradojalmente quizás el chileno “más ciudadano del mundo”, que desarrolla con éxito su empresa de comunicaciones en Estados Unidos, es quién descalifica la opinión de un reconocido periodista por ser foráneo. Molesto, como argumento validador de sus opiniones, Kreutzberger señaló a El Mercurio: “Nací ahí, y tengo la percepción de mi pueblo”.
La dificultad de conversar
No se trata de quién tiene la razón. Si quién dice que no puede ser la presidenta de un país la que deba “decretar” si hay tsunami , o que los sistemas de alerta no funcionaron y costaron las vidas a cientos de personas, o que el bello aeropuerto de Santiago estaba diseñado para París donde no conocen los temblores, o que los saqueos fueron por desesperación o por codicia, o que los vecinos se hayan armado y encendido hogueras para protegerse de los asaltantes, o que miles de chilenos solidarios viajaron espontáneamente desde cientos de kilómetros hacia las zonas afectadas llevando ayuda, o que se recaudó una cifra record de ayuda en una “teletón” solidaria.
Lo importante, hasta por razones terapéuticas, es establecer la conversación, levantar las preguntas. El problema es que Chile tiene una auto percepción coagulada y defendida conscientemente por los administradores de imagen del modelo. Una imagen que se administra con mayor facilidad reposando sobre el pánico a disentir, al que tiene una visión diferente, al que cuestiona el estado de las cosas, al que hace preguntas más de fondo.
Las evidentes observaciones de Jorge Ramos, las obvias preguntas que surgen de las mismas, no están presentes en los medios de comunicación masivos de Chile. En la cobertura del terremoto, la televisión, se ha preocupado más de la mal llamada “nota humana”, que mantenga la sintonía a través del horror o de la gloria, que de buscar explicaciones, o de preguntarse y abrir perspectivas.
Los canales de televisión, y Don Francisco los defiende muy bien en su nota “se unieron en un maratónico programa que logró recaudar la cifra record de 75 millones de dólares”. La Teletón es desde hace décadas el “gran evento de unidad nacional”, símbolo estable, incuestionable e “incriticable” donde se unen durante 24 horas de cadena nacional los canales de televisión, políticos y deportistas, gente del espectáculo y de la empresa, sin distinciones en un solo Chile que anima Don Francisco.
Luego del terremoto, a petición de la ex presidenta Bachelet, se implementó rápidamente la fórmula. Junto con la recaudación de fondos, se restableció la normalidad. Los héroes de la independencia de Chile clamaban en la adversidad “Aún tenemos Patria, ciudadanos”, doscientos años después, el grito pareció ser “Aún tenemos Teletón –y mejor que nunca-“. Se reconstruyó uno de los símbolos de la sociedad espectáculo articuladora y validadora del velo mediático, se restableció la fé en la bondad solidaria de los chilenos amenazada por la crudas imágenes de los saqueos, la presidenta saliente, Bachelet, se abrazó con el presidente electo, Piñera, reconciliando a las dos opuestas coaliciones.
Pero de debate y conversaciones nada. Peligroso estado de silencio y bloqueo del diálogo, cuando se requiere desatar la creación e imaginación para renovar el desarrollo y devolver el impulso a regiones donde el desastre dejó pérdidas materiales por 30.000 millones de dólares. Donde el añejísimo centralismo chileno habla de hacerse cargo de la reconstrucción y ayuda, y los afectados tiemblan, esta vez por dentro. Es que este no es el primer gran cataclismo que sufre Chile, Valdivia en los sesenta sufrió el peor terremoto de la historia de la humanidad y nunca más volvió a incorporarse al desarrollo con la vitalidad de ante; Tocopilla que fue devastada por un terremoto hace cinco años, todavía es una ciudad de viviendas provisorias.
Pareciera que los chilenos, particularmente quienes detentan el poder de los medios de comunicación y los de ese “10% más acomodado que acumula más de la mitad del ingreso”, del que habla Jorge Ramos, pueden aceptar que se mueva la tierra y bote edificios, puertos y aeropuertos, pero no que bote la imagen de Chile que han construido.
Este terremoto real, a diferencia de aquel del habla popular chilena que todo lo cambia y lo transforma, se parece más a uno surgido de la filosofía de El Gatopardo, del escritor italiano Giuseppe di Lampedusa que dice “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.
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